Cuando encontramos este local estaba decrépito, con los techos caídos, actuaciones de reparación abandonadas a medias y suelos a parches, pero no era un lugar cualquiera, se respiraba un halo como de secreto bien guardado.

Optamos por eliminar todos los añadidos para recuperar la esencia y seguimos indagando hasta encontrar el origen de todo: piedra, metal y luz.

Eliminamos recubrimientos variados hasta llegar a la piedra original, que decidimos realzar con un zócalo técnico de placas de yeso.

Reparamos los elementos metálicos y les dimos una nueva vida mediante un tono gris forja que, gracias a su esbeltez, los hace desaparecer entre las sombras o gritar entre las luces, provocando un ambiente cambiante, evocador pero pragmático.

Intervinimos en los techos según su estado de conservación, utilizando refuerzos integrales, leve maquillaje o una veladura de chapa perforada con función técnica.

Proyectamos un espacio diáfano con un lugar de reuniones tamizado mediante una celosía de forja y vidrio transparente, nuevamente la esencia: forja y aire, metal y luz.

Levantamos todos los pavimentos para disponer un fondo neutro que realzase lo demás, que indujese a mirar hacia todas partes. Sólo dos alfombras de hidráulico matizan el recibidor y la sala de reuniones, pero son solo eso, dos gotas de color.

Y el PATIO…

Descubrimos que originalmente hubo un patio que sólo existía ya en la memoria de los mayores. Ese patio no era recuperable en nuestra actuación, pero sí lo fue su alma. Y lo hicimos mediante un lucernario orientado para absorber luz indirecta, minimizando así los rigores del calor de África.

En el no-patio actualmente no hay nada…pero lo contiene todo.

Recoge la esencia de la intervención, de la recuperación del origen y de nuestras intenciones de proyecto, pero también de lo que pretendemos como estudio de arquitectura.